
Foto de Tian
Un gorro decidió que estaba aburrido de estar en la cabeza de su dueño, un anciano decepcionado y retirado, sobre la misma cabeza, con las mismas ideas y pliegues y neurosis desde hace mucho. Realmente no recordaba cómo había llegado a tan penosa situación. Lo que si tenía por seguro era que no había sido tejido para seguir soportando la misma cabeza durante toda su existencia.
De modo que abandonó a su dueño, y emigró a otra cabeza, ésta con más pelo que la anterior, y con diferentes rumbos y perspectivas. Una cabeza más joven y fresca. Más despejada y jocunda. Menos limitada y predeterminada. Y se sintió bien un tiempo. Tan cómodo y satisfecho estaba cuando vio pasar otra cabeza más interesante, en apariencia, pero que ya tenía un gorro puesto que al notar su interés le peló los dientes advirtiendo que no debía atreverse a entrar en su territorio. Una poblada y hermosa cabeza, ocupada ya por un hostil gorro de gamuza.
Luego de un tiempo, el gorro volvió a aburrirse de su cabeza. Buscó más cabezas y las encontró, las cubrió, las abandonó, pero nunca sintió de nuevo ese éxtasis de encontrarse con una cabeza totalmente diferente y mejor. Así que en un arrebato de determinación y tedio, se ayudó con el viento y emprendió un viaje infinito al rededor de la tierra. Éste, el viento, la arrojó con ímpetu en una órbita cercana a la tierra, en la cual el gorro, antes inconforme, halló ahora paz y una hipnotizante sensación portentosa. No pudo ignorar al universo, a los planetas ni el sol ... Estuvo perplejo mucho tiempo, intentando imaginar cuántas cabezas y cuán diferentes, habrían más allá de su órbita terrestre.
Así que se dejó llevar por el viento solar hasta fuera del sistema planetario donde habitó alguna vez cabezas, donde comprendió que su existencia debía trascender, más allá de los territorios cefálicos del planeta tierra. Gorro errante, acéfalo y determinado a buscar lo inencontrable, no volvió jamás, y posiblemente cayó ya en un agujero negro, quizás pensando que sería la cabeza más imponente del universo con sus radiantes ideas electromagnéticas y su insaciable ingesta pantagruélica del universo mismo a su alrededor. Se iría quizás a otro espacio, paralelo u ortogonal a éste, y encontraría quizás allí, sí, una cabeza digna, un territorio qué ocupar para un gorro nómada, infintamente inconforme.


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