Según el libro The irony of democracy, el poder es la participación en las decisiones que dan forma a nuestro modo de vida, y la toma de decisiones sobre quién recibe qué [COSA], cuándo y cómo. El poder existe desde que existen objetos externos al humano, que pueden otorgársele o quitársele y también desde que unos deciden deliberadamente sobre la [forma de] vida de otros. Con una fijación en los objetos supuestamente aptos para ser poseídos (desde cosas que caben en una mano, hasta porciones de territorio, o incluso otros seres vivos, pasando incluso por la esclavitud entre humanos) y una abusivez al suponer que unos pueden decidir sobre las vidas de otros (incluso sería aceptable, en esta definición de poder, que unos decidan asesinar a los otros, a propósito, decidiendo absolutamente sobre las vidas ajenas).
Es el poder básicamente, según un libro donde se discute de manera abierta y franca, la democracia liberal que se pretende en gringolandia, un acto compuesto básicamente de dos cosas: abusivez y posesividad.
De modo que todo poderoso ha de ser un abusivo, que se auto-licencia para administrar cosas y que decide sobre las vidas de una masa de impotentes. Y de eso se trata el elitismo. Donde la élite es el sector social de los poderosos. De los abusivos, de los posesivos. Claro que no todo abusivo ni todo posesivo es poderoso. Hay que ver a mi hermana, por ejemplo. Las élites se componen de ciertas personas, y aún cuando hayan muchos abusivos entre la masa, sólo algunos están al tope de la pirámide.
Sea correcto o no, sea moral o no, sea adecuado, relevante, estúpido, injusto, o no, cosa que decide cada quien: el elitismo es una realidad que viene existiendo desde hace muchísimo.
Me he topado con un libro extenso e interesante, acerca del elitismo y la democracia. Dos asuntos que parecen antagónicos, pero que deben convivir, si se quiere avanzar en materia de democracia, siendo éste un mundo básicamente elitista.
sábado 31 de diciembre de 2011
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