Somos seres vivos con instinto a la vida. En caso de estar a punto de morir, luchamos por sobrevivir. Vivir implica muchas cosa y es muy complicado para seres que piensan tanto en su existencia y en sus relaciones con el mundo y otros seres, sin contar los instintos heredados y las tendencias inconscientes que lo complican aún más. Pero a pesar de ese instinto a la vida, hay muchos suicidios al año en todo el mundo. A muchos les gusta decir que somos animales, pero lo cierto es que somos muy complicados (y simples a la vez, dirían por ahí) al punto de negar nuestros instintos heredados como animales que somos. Lo cierto es que somos muy complejos, animales o no, con alma o no; somos un montón de caos consciente de sí mismo. Metafísico o no. Y entre esas complejidades, está la condición de necrofilia. En la sociedad en que vivo, lo sexual es fundamental (heredamos un instinto sexual muy fuerte) y la mayoría de expresiones casuales expresan alegorías y referencias sobre el sexo, así que la necrofilia se suele interpreta como sexo con muertos. Pero la palabra se refiere también al "amor" a la muerte (bastaría ver el origen etimológico de la palabra). No hablamos del amor tipo [barato del día del cariño], hablamos de una entrega, un interés, una fijación en la muerte. Fromm sitúa a la necrofilia como una condición decadente para el humano, en su libro "el corazón del hombre". La fijación en la muerte potencia al hombre para hacer "el mal", donde "el mal" se refiere a la destrucción de sí mismo y de su entorno, al alejamiento de un equilibrio, de la salud individual y colectiva. Tool tiene una rola llamada "vicarious" (placer indirecto) donde habla sobre nuestra necrofilia; nuestro inmenso placer por ver la sangre fluir, las tragedias que nos confortan, desde la distancia adecuada, vicariously. Vivir viendo a otros morir, haciendo sentir la existencia, quizás. Justo hoy he descubierto que de eso se trata la canción. Un contenido interesante, que expresa una característica de la necrofilia, que no se me había ocurrido: disfrutar la muerte indirectamente, desde lejos, a través de otros.
En cuanto a mí, combato con mi propia necrofilia. Reconocer esta tendencia que es tan fácil de desarrollar y alimentar sin intención, es fundamental para combatir esa decadencia con que nos afrontamos desde siempre. Muchos hablan de un mesías coercivo que nos venga a arreglar los problemas de inseguridad, pero la respuesta está en la lucha personal, contra la decadencia de sí mismo, de todos y cada uno. Esa lucha colectiva-individual sería la única manera de arreglar ese problema; todo lo demás es un mero chapuz.
miércoles 25 de enero de 2012
Necrofilia, el placer indirecto
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